Solo cuento lo que me sale de las entrañas, llenas de vida, sin telarañas, sin temores, tienen alas. En el país de mis maravillas bailarás al ritmo de un jazz, despeinarás, sacudirás la base con tan solo pasar.
Desgasta esos zapatos, viste con cuatro trapos, muerde el polvo, y vuélvete devoto salvando tu alma rota, que desnudaste con prisa loca ante solo unos pocos versos, porque eran arte.
Quieto parao, no te arrimes, ya son demasiados abriles para tu amanecer desbocao, mejor que me olvides, yo me quedo aquí a tender mi pena al sol
en la cuerda de tender desolación, luego empezaré a coser te quieros en un papel y a barrer el querer con los pelos de un pincel...
Y en cuanto acabó de zurcir las heridas de las noches mal dormidas llegué yo y le llené de flores el jergón para los dos, sin espinas, de colores, que se rieguen cuando llore y cuando no,
las sulfatamos con nuestro sudor, y me confesó, cuando quieras arrancamos
que en las líneas de la mano lo leyó, que se acabó el que la quemara el sol, pero se asustó, ¡como te retumba el pecho!, tranqui, solo es mi maltrecho corazón, que se encabrita cuando oye tu voz el muy cabrón.