dissabte, 23 de març de 2013

57.

Rápido, que se me olvida!

Sí, creo que eran los pómulos, agudos, marcados, deslizándome por su línea. Que me comía el deseo, que no lo confundas con amor, moría por que me trazara con sus ojos, que me mirara de arriba a abajo, desnudándome, en carne viva. La fauna hambrienta en sus manos, recorriendo mi piel. No basta una foto, era el movimiento, qué sé yo.

Era la sonrisa? Perversión. Las comisuras se doblan, gesto pícaro, brillan las ideas en los ojos, verdes, oscuros. Luego está eso de las cejas, definen que seas guapo, o no, según una amiga, las cejas. Agudizando la mirada, arisca, curiosa, como aquello que conté una vez de las tres notas de la melodía, marcando. Las cejas. Marcando la intensidad, meterte en sus pensamientos, hasta la obsesión, cuentan tanto, en código del Enigma. Y no me enredo en la naríz, que si tuviera que hablaros de esas rectas, sin pasarse de dureza, sin una sola curva de suavidad, no acababamos ni para mañana.

Las venas en sus antebrazos, caminos hasta la muñeca, llegando a la mano, que me corro si tocan mi piel. Muérdeme con la mirada, sírvete y repite de mí, y cómeme, noches, tardes, anocheceres, amaneceres y las mañanas: besayúname.

No pongo una foto suya, no le hacen justicia, será el movimiento, qué sé yo. 


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